La zapatería

Viajamos hasta Alcalá para conocer a Natalia, nieta de Francisco, del que ha aprendido el oficio de zapatero. Con más de 90 años, Francisco continua ejerciendo un oficio que aprendió a los 14 y que desde entonces ha sido su medio de vida.

En su taller, Francisco elaboraba de forma artesanal los zapatos que acompañarían los pasos de muchos de sus vecinos, creando él mismo también las hormas. Tras estudiar Bellas Artes, Natalia nos cuenta como ha decidido aprender el oficio de su abuelo, que a día de hoy continua bajando a su antiguo taller, ubicado en la trastienda de la ortopedia que abrió su hijo.

Cuéntame un poco sobre la historia del taller ¿En qué año se abre? ¿Quién lo abre? ¿Ha habido continuidad del oficio en la familia? ¿Sigue en activo?

Todo comenzó con mi abuelo cuando estaba en la mili, antes de entrar. Tenía que buscarse un trabajo y mi bisabuelo tenía un familiar que trabajaba en un taller de zapatos y vio que podía ser una buena salida para ganarse un dinerillo y lo mandó. A mi abuelo no le gustaba, allí estuvo desde los 14 hasta los 18 años y después se fue a Barcelona a hacer el servicio militar. Cuando llegó alguien le había dicho al coronel que él era zapatero, así que éste se fue a buscarlo directamente y le dijo:

- ¿Es usted zapatero?
- Sí señor, así es.
- Bien ¿Podría hacer una prueba mañana a las 8 de la mañana en zapatería?
- Sí señor, por supuesto.

Al día siguiente, al llegar a la zapatería, el coronel le dijo:

- ¿Podría montar usted esa bota?

Mi abuelo cogió el martillo, la preparó e inmediatamente el coronel le dijo "Está bien, no tiene que hacer nada más. Mañana se viene para acá".

Yo creo que a partir de ahí mi abuelo empezó a mirar de otra manera el oficio, pasando de algo que en los inicios no le gustaba a un trabajo que le había permitido lograr unas mejores condiciones en el servicio militar. De alguna forma se dio cuenta que ahí había más de lo que en un principio él había visto.

Él decía que quería ser bailarín o boxeador (risas), pero se enamoró de mi abuela y decidió volver a Alcalá y montar el taller de zapatería. Creo que lo abrió cuando tenía 24 años y ahora tiene 90, así que echa la cuenta…

Al principio metió varias personas a trabajar con él, hacían zapatos clásicos y él estaba especializado en zapatos de mujer. Presume de ser zapatero, dice que en aquella época había muchos chapuceros, remenderos o personas que se dedicaban a alguna parte del trabajo, pero nadie que abarcase todo el proceso.

La zapatería estuvo abierta mucho tiempo. Al cabo de los años mi padre empezó a trabajar con mi abuelo, pero no le gustaba. Estuvo vendiendo zapatos en mercadillos hasta que encontró su lugar, que fue la ortopedia ubicada en la antigua zapatería de mi abuelo, de la que aún se conserva el taller en la trastienda. Podemos decir que mi padre y mi abuelo se fusionaron; mi padre hace zapatos a medida y es mi abuelo el que le ayuda en esa parte. Osea, que mi abuelo en realidad evolucionó su trabajo hasta acabar en el mundo de la ortopedia.

A partir de ahí mi abuelo empezó a mirar de otra manera el oficio, pasando de algo que en los inicios no le gustaba a un trabajo que le había permitido lograr unas mejores condiciones en el servicio militar

¿Entonces podemos decir que de algún modo el oficio ha tenido continuidad en la familia?

Sí, en cierta manera sí. Mi padre es muy manitas y lo que conocía era el mundo de los pies, así que decidió abrir la ortopedia.

¿Y tú?

Yo siempre quise aprender el oficio de mi abuelo porque soy una romántica… Hice Bellas Artes y durante la carrera vi la artesanía desde otro punto… He crecido rodeada de artesanos porque también mi abuela era modista, he estado rodeada de máquinas desde chica, he olido el pegamento, he escuchado el sonido de las máquinas…

He llegado a ello después de estudiar Bellas Artes, de reconocer en mí la destreza manual y le acabé de dar la vuelta cuando me di cuenta de que al final es diseño y arte aplicado. Y como me las veo negras para vivir bien (o como yo quiero) de lo que hago, entonces por ahí entraron solos los zapatos caminando…

Desde hace un año y medio que regresé de Brasil dije ahora o nunca. Tras tres años en Latinoamérica llegué aquí y mientras todo el mundo se había dedicado a forjarse un camino laboral yo estuve centrada en otro tipo de cosas. Han sido tres años cruciales para mí, en los que he aprendido a escuchar "mi tiempo" y al llegar aquí vi que "mi tiempo" y la situación laboral no tenían nada que ver. Tampoco me quise ir a lo loco a buscar trabajo de diseñadora a Madrid o por ahí fuera, así que después de llegar, sin tener trabajo, lo que tengo es más paciencia y valoro mucho más mis raíces. También mi abuelo tenía 89 años, así que tenía que ser ahora o nunca.

¿Esa mancha que tienes en las manos es de tinte de cuero o algo similar?

No (risas). Es de acuarela porque sigo pintando. De hecho me encantaría acabar dedicándome a la pintura, le voy dedicando cada vez más tiempo, pero bueno, ahora estoy con los zapatos.

¿Tu abuelo sigue haciendo cosas en el taller?

Sí, sigue haciendo cosas. De hecho mi abuela me dice muchas veces "Bájatelo al taller, que mientras está haciendo zapatos no piensa en otra cosa". Luego el baja y lo veo trabajar… Tiene 90 años, ya no piensa mientras trabaja, para él es como respirar.

Lo hace perfecto, pero para él ha perdido muchas facultades, muchas veces me dice "Si me hubiese pillado esto a mi hace 20 años…".

Ya me has contado algo, pero, ¿podrías darnos más detalles sobre cómo y de quién aprendió tu abuelo el oficio?

Como hemos hablado antes, él entró de aprendiz a un pequeño taller. Allí estuvo cuatro años antes de salir para hacer al servicio militar.

¿Qué significa para ti haber aprendido y continuar con el oficio de tu abuelo?

Para mi significa ligarme a mis raíces familiares y tras haber estado lejos varios años a eso le doy una trascendencia importante. Para mi es como ser canal de algo en lo que han participado mis antepasados, haciendo eso me siento como si estuviese cerca de casa aunque esté a miles de kilómetros. Y de alguna forma también forma parte de mi filosofía porque me doy cuenta de que todos somos lo mismo… Mira, encontré una familia en Brasil en la que el chico se llamaba Alecrim, que significa Romero en portugués, como mi apellido, y que estaba aprendiendo a hacer zapatos porque en su familia eran zapateros. Es una tontería, pero a mi me hace mucha gracia. Hasta ese punto de encontrar conexiones a tanta distancia…

¿Cómo describirías este trabajo?

En realidad, para mi la artesanía es como una forma de pensar. Creo que esos patrones que se repiten y esas estructuras generan calma y generan continuidad. Hay cierta disciplina, es orgánico y funciona… Para mí en cierta manera es como una representación de la vida misma.

Yo describiría este trabajo como una meditación funcional (risas), donde al final generas algo, y donde siempre hay un proceso de aprendizaje y de realización donde disfrutas y también sufres. Disfruto del proceso y otras veces no; yo soy una persona nerviosa y no me gustan los nervios. Para mí la paciencia es una virtud, y la persigo (risas). Dedicarme a esto tiene la mitad de disfrute, la mitad de superación, y es un recuerdo constante de cómo deben hacerse las cosas. Por eso te digo, que es como una filosofía ¿no? Como una manera de pensar. Cada parte es esencial y cada detalle requiere el 100% de tu sensibilidad y de tu atención. No vale tontear, un zapato no se puede repetir, te requiere presencia, te enseña mucho sobre "ser". Por eso cuando a veces no tengo paciencia lo paso mal, pero bueno, es otro ejercicio.

Por otro lado, como artista, tengo la otra parte. Mi nervio me lleva y me sirve; para dibujar me sirve. Una cosa muy contradictoria entre mi dibujo y los zapatos es que aprovecho lo azaroso para construir y de momento, haciendo zapatos todavía no he llegado a esa parte, aún no puedo dejar nada al azar, tengo que ser muy "académica".

Cuando aprendí a dibujar me tiré tres años dibujando clásico y ahora he visto para qué me ha funcionado, así que con los zapatos estoy haciendo igual; me bajo con mi abuelo y sigo estrictamente los pasos que él me dicta porque sé que algún día podré fluir.

¿Qué trabajos se hacen en el taller? ¿Remiendos? ¿Zapatos a demanda? ¿Qué ha sido lo más demandado o vuestra principal fuente de trabajo?

Se hacen un montón de cosas; poner tapas… He visto poner muchas tapas, porque antes tu tenías tus zapatos y cuando se te gastaba la suela le ponías una nueva y andando. Eso ya no pasa, ahora cuando se te gasta la suela los tiras y te compras unos nuevos… y por 20 euros…

Entonces he visto poner muchas tapas, suelas, medias suelas, dar brillo. Luego mi abuelo hasta los ochenta y tantos sí hacía zapatos, pero desde que la gente empezó a "usar y tirar", casi dejó de hacer zapatos, se convirtió en un producto de lujo o muy minoritario.

Al principio lo que más se hacían eran zapatos a demanda. La gente iba y decía "quiero un zapato así", muchas veces con un recorte de una revista. En aquella época no había muchos tipos de zapatos; los zapatos tienen un nombre: los bluchers, los gilda, las merceditas… Entonces la gente decía quiero unos gilda con este tipo de cuero.

Cuando yo trabajo con mi abuelo, él sigue pensando en esos tipos de zapato; si me invento un modelo él dice "esto no se puede así". O si hago zapatos de varios colores lo hago a escondidas (risas); para él los zapatos tienen que ser de un sólo color –negro o marrón– y cerrados con hebilla.

En realidad los patrones originales son los más cómodos, los nuevos modelos parten de ahí, son como unas guías o estructuras, que hacen que todo funcione.

Antes tu tenías tus zapatos y cuando se te gastaba la suela le ponías una nueva y andando. Eso ya no pasa, ahora cuando se te gasta la suela los tiras y te compras unos nuevos… y por 20 euros…

¿Qué tipo de materiales y con qué herramientas se trabajan? ¿De dónde proceden?

Uff, eso es un mundo. Mi abuelo tradicionalmente ha trabajado con cuero, con muy buen cuero. Tiene muchos tipos de cuero, a mi me llaman la atención aspectos como el brillo o el color, la textura; él sin embargo tiene en cuenta otra serie de cosas como la elasticidad, el grosor, si cala o no cala, si se tiñe o mancha con facilidad… Eso es algo que estoy aprendiendo poco a poco.

De otro lado, las suelas antiguamente se hacían con cuero también, con un cuero más grueso o sino con goma. Después para hacer plataformas se usa el corcho o un tipo de plástico especial que es bastante rígido pero dúctil.

También están por otro lado los remaches, las hebillas, el hilo. Y por ejemplo, algunas curiosidades de los zapatos: para que se queden con su forma se utiliza un tipo de cuero o también cartón, que se moja en una mezcla de harina y agua, se desbasta y se mete entre el forro y la piel del zapato tras haberle dado forma. Tras secarse, esa capa intermedia se queda rígida haciendo que el zapato conserve su forma.

Otra cosa curiosa es que, aunque tiene máquinas para hacerlo, mi abuelo sigue usando cristal para pulir los filos y cantos de las suelas. Utiliza cera para lucirlos… Y bueno, él ya no los cose pero yo le he pedido que me enseñe a coser.

Respecto a las herramientas se necesitan muy poquitas: un martillo (hay varios tipos), puntillas, una plancha de zinc para cortar el cuero, unas cuchillas, una máquina de coser o hilo y aguja (risas), un torno o papel de lija, cristal para pulir la suela… Realmente si no quieres industrializarte, son muy pocas las herramientas.

Según nos has dicho hay distintos tipos de cuero ¿Se elige uno u otro según para la época del año que vaya a usarse o esto no influye?

Bajo la filosofía de mi abuelo no, digamos que unos zapatos serían para todo el año, pero yo sí creo que hay materiales y colores más indicados para una época del año que para otra. Además, creo que hay otros materiales que se pueden tratar de otras maneras. Tengo muchas ganas de indagar en esta parte y aprender. Quiero buscar también nuevos materiales para las suelas; me llama mucho la atención el neumático, como aprovecharlo. Quiero conseguir un diseño que sea consciente. El neumático es el ejemplo más claro, pero estoy segura de que van a salir nuevos materiales, con plásticos reciclados por ejemplo.

¿Nos podrías explicar el proceso de elaboración artesanal de calzado? ¿Se toman medidas primero? ¿He visto que tenéis “moldes”?

Para hacer un zapato necesitas, en primer lugar, saber las medidas del pie y buscar un diseño. El zapato se hace sobre una horma que puede ser de madera o de plástico; las que nosotros tenemos las hizo mi abuelo con madera. Sobre la horma, con papel, haces el patrón, midiendo, probando… Todo empieza dibujando con papel. Tras esto pones el papel sobre el cuero y cortas la forma del cuero; del papel ya pasamos al cuero. También en este paso se prepara el forro, cosiendo todas las partes que necesites.

Una vez ya tienes los cortes hechos y los tienes cosidos, cortas la planta de tu zapato y se la pones a la horma para "montar" el zapato. Una vez está montado se pega la suela con pegamento y se cose. Tras esto se le pone el tapón y la tapa y se enlucen. Los podrías tintar también…

¿Cuanto tiempo lleva y cuanto cuesta (a nivel de material) elaborar un par de zapatos de forma artesanal?

Mi abuelo dice que en su época más productiva podía hacer un par y medio al día. Yo tardo tres o cuatro días bien echados en montar un sólo par (risas).

A nivel de material, hacer un zapato con un buen cuero no es barato. El cuero bueno es caro y una buena suela también. Los materiales buenos tienen un coste elevado y luego está tu tiempo… Creo que más o menos podríamos decir que entre cuero y suela, tirando muy por lo bajo, hay unos costes mínimos de 20 o 30 euros.

¿Habéis llegado a hacer un modelo de zapato específico para alguien?

Sí, se han hecho bastantes. A mí, desde que se han enterado de que estoy haciendo zapatos, ya me han pedido varios. Y es que te digo una cosa: ponerte unos zapatos especiales es mágico. Yo me acuerdo de la película del Mago de Oz… Realmente es algo que te pones para hacer tu camino y que es tu conexión con la tierra.

Mi abuela, que es modista, dice que para ir bien vestida hay que ir bien peinada y bien calzada; si vas bien peinada y bien calzada, lo que lleves en medio no importa (risas).

También mi padre ahora con la ortopedia hace bastantes zapatos a medida. Mi abuelo sigue ayudando a mi padre adaptando las hormas a los clientes de mi padre.

¿Qué volumen habéis llegado a manejar? ¿A nivel del pueblo o habéis recibido encargos de fuera?

Pues no sé; cuando mi abuelo comenzó a trabajar se hacía un par y medio al día. Era como una fábrica artesanal de zapatos. Unos cuarenta pares de zapatos al mes.

¿Es viable hoy vivir de esto?

Pues eso lo voy a comprobar pronto (risas). Creo que depende mucho de como tú vivas. Yo no llevo una vida estándar, eso depende mucho de la persona… Yo creo que sí se puede, pero que no es para cualquiera. Si eres autónomo… Esta vida no está hecha para los autónomos.

¿Tus planes de futuro pasan por mantener vivo este oficio?

Sí. En un inicio quise aprender por saber cómo se hacen y por hacerme mis propios zapatos y los de mi familia, pero ahora se me dan unas circunstancias perfectas para explorar el mercado y ligar el zapato a mi economía. En breve parto para Colombia y tengo pensado hacer un proyecto de colaboración con tejedoras indígenas. Mi trabajo fundamental va a ser el diseño, la organización y la venta; no voy a ser zapatera como mi abuelo lo fue, porque tengo otros proyectos y tampoco quiero encerrarme en eso.

Tengo la suerte de tener los conocimientos y quiero usar eso para lanzar un producto. Así que voy a probar a hacerlo pensando en un proyecto sencillo y vinculado con otros aspectos. Me voy a llevar a mi familia en formato zapato a Colombia (risas).

Cuando tu abuelo abrió el taller ¿Había otros talleres similares en Alcalá o alrededores? ¿Y otros artesanos? ¿Lograron mantenerse también?

Sí, había otro en la calle principal de Alcalá. Creo que en total había dos o tres talleres grandes y al final se quedó el sólo. Mi abuelo sobrevivió porque tocaba todos los palos y eso es algo muy difícil.

De otros oficios tengo el ejemplo de mi abuela, que ha sido costurera…

¿Crees que la artesanía tiene futuro?

Pienso que de alguna manera el ser humano ha creado un sistema artificial, donde ya todo crece artificialmente de forma "natural". Un lugar donde las máquinas ya son algo natural, son un coetáneo. Yo pienso que conforme van las cosas vamos a ver varios tipos de humanos (si es que no los hay ya); los que van a seguir como siempre –en contacto con lo natural– y los que van a ser tecnológicamente dependientes, otro tipo de humanos, con otras necesidades, que se van a comunicar de otra manera…

Pienso que si la artesanía vive lo hará entre el primer tipo de personas y ese ser humano que viva de la artesanía vivirá un estilo de vida más natural, valorando más lo de siempre…

Puedes seguir el trabajo de Natalia a través de su cuenta de Instagram o en su Tumblr.

Este es el tercer reportaje de nuestra serie de oficios tradicionales, con ella pretendemos dar cabida también en nuestra web al patrimonio inmaterial, ese que habla de nuestra cultura, costumbres y tradiciones; de todo lo que conforma nuestra identidad social.

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